4-4: El Madrid, penúltima Copa en el abismo | OneFootball

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La Galerna

·1. April 2025

4-4: El Madrid, penúltima Copa en el abismo

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El Madrid encaraba el encuentro de vuelta de las semifinales del Campeonato de España contra la Real Sociedad con las cuentas saneadas, hueco salarial y en un estadio terminado, de élite y sin aluminosis. El plan era superar la eliminatoria con tranquilidad y marchar pronto a descansar para afrontar el próximo duelo. Pero al Madrid no se le dan bien ese tipo de planes y acabó recurriendo por enésima vez a la épica como remiendo a los errores.

Carletto eligió un frente de ataque tribrasileiro, Rodrygo, Endrick y Vini, secundado por un centro del campo integrado por Tchouaméni, Valverde y Bellingham. En la retaguardia, Lucas V., Asencio, Alaba y Camavinga, que oficiaría de lateral izquierdo. El encargado de guardar la meta, Lunin. El del pito, Alberola Rojas. Y en el VAR, Trujillo Suárez; la cara es el espejo del alma.


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El partido comenzó con el interés de una reunión de trabajo: intercambio de posesiones yermas, un par de pases de Lucas Vázquez quién sabe dónde, un disparo romo de Endrick... lo normal. Hasta que el joven brasileño se apropió del balón con ese cuerpo de M. A. Barracus que tiene y se fabricó una chilena que a punto estuvo de colocar el 1-0 en el marcador 360 grados con el que sí cuenta el Bernabéu.

El encuentro pareció desperezarse y acto seguido Vini pudo anotar el primero de tiro cruzado si Remiro no lo hubiese evitado. El propio Vinícius desbarató la siguiente acción de ataque donostiarra. Entonces la Real se quedó con el balón para jugar ellos solos durante un rato y en el minuto 16 Barrenetxea aprovechó la no presencia de facto de Lucas Vázquez para plantarse solo delante de Lunin y batirle por debajo de las piernas. Eliminatoria empatada. ¿Para qué tomarse el partido en serio desde el principio?

Minutos después del tanto visitante, Jude cruzó en exceso y marró una buena ocasión de empatar. Apenas un suspiro más tarde, Rodrygo disparó fuera también a la derecha de Remiro. Y otra vez Bellingham desde lejos, pero muy alto.

Andábamos todos postulándonos como lateral derecho del equipo cuando Vini se encargó de desintegrar los malos pensamientos sirviendo un pase magistral con el exterior a Endrick para que el 16 marcase un golazo de vaselina. El ex del Palmeiras ya había sido el autor del tanto madridista de la ida. El brasileño tiene más definición que una tele 8K (desconozco si este dato es cierto y/o actualizado).

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La asistencia genial del 7 provocó un pinchazo en la úlcera de todos esos madridistas que vuelcan sus frustraciones en el último trofeo The Best. Aunque en el minuto 40 disparó fuera, motivo suficiente, según los entendidos, para pedir de nuevo su destierro a Arabia.

Frisando el descanso, una arrancada purasangre de Camavinga propició un tiro franco de Endrick, mas su disparo a la remanguillé se marchó desviado.

No ha quedado reflejado en esta crónica, pero el inglés Bellingham fue el autor de varias acciones de mérito durante la primera mitad (acabaría firmando una actuación heroica). Nos hemos acostumbrado a que juegue en nuestro equipo uno de los grandes. Clarividencia, clase, empuje y actitud.

El descanso llegó cuando Jude se marchaba solo a la contra tras un piscinazo de Cubo. No esperábamos menos de uno de los colegiados que pagaron al hijo de Negreira y siguen en activo.

El segundo tiempo arrancó con un casi gol olímpico de Rodrygo. Remiro salvó in extremis. El Madrid había salido mejor que en la primera mitad —no duraría mucho— y a continuación Endrick protagonizó una incursión por la línea de fondo muy meritoria que no pudo rematar Vini porque acabó derribado.

En el córner siguiente, Remiro noqueó a Bellingham de un fuerte manotazo. Sabemos que aunque el portero rival golpee en la cara a un jugador del Madrid nunca será penalti por cualquier motivo que elijan ustedes, aunque finalmente todos se reducen a que el agredido lleva una camiseta blanca. Probablemente esto aparezca en alguna circular arbitral.

Un poco después, empujón y manotazo al unísono de Zubimendi y Aritz sobre Endrick, rematado con un talonazo en la cara al caer. Como el delantero lucía camiseta blanca —ver párrafo anterior—, ya saben cómo acabó la jugada.

En el 56', pisotón de Sucic a Valverde al caer de un salto. ¿Qué posibilidad hay de que tres acciones dolorosas seguidas sobre jugadores del Real Madrid sean todas casuales y lances que no merecen sanción? Antes de responder, una cuarta: Aramburu barrió a Vini, pero pilló a Alberola enviándole un bizum a Javier Enríquez. Se demoró en mandarlo, porque tampoco vio una clara falta sobre el 7 al borde del área.

Bellingham probó suerte desde lejos en el 60 y se encontró con una buena respuesta de Remiro.

Mbappé entró al campo en el minuto 65 en sustitución de un Endrick muy ovacionado por el Bernabéu. ¿Era el brasileño el cambio más adecuado?

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En el 69 el Madrid casi se come un gol de Zubimendi, que remató de primeras con la izquierda a la salida de un saque de esquina y Lunin salvó con una parada muy meritoria. El rechazó lo envió fuera Oyarzabal desde cerca. La Real había recobrado vigor, el Madrid era un desastre.

Dos minutos después, gol de tacón de Alaba, pero en propia meta. 1-2 y eliminatoria igualada.

Hasta el 73 no mostró amarilla Alberola a Aramburo, que casi desguaza nuevamente a Vinícius al propinarle otra patada alevosa.

Ancelotti movió el banquillo para dar entrada por fin a Modric por Lucas, por lo que el Madrid contaría con lateral derecho, Valverde, hasta el final del partido. Pero entonces Alaba anotó un doblete en propia meta y la Real Sociedad se colocó 1-3 arriba. Quedaban 10 minutos. El Madrid llevaba un rato que no estaba.

Se apareció de nuevo Vinícius —y ya no se fue— para firmar una gran jugada y servir otra asistencia, en esta ocasión a Bellingham, quien remató canónicamente de primeras a gol. 2-3. Eliminatoria empatada.

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Vinícius falló el tercero poco después frente a Remiro. No en vano no había hecho nada, salvo propiciar dos goles. ¿Acaso es importante eso en fútbol? Seguro que no. El córner siguiente lo empotró de cabeza a gol Tchouaméni. 3-3 cuando quedaba un suspiro para el 90 y en ventaja el Madrid.

A Alberola no le sentó bien y añadió 7 minutos. No hizo falta consumirlos para que Oyarzabal aprovechase una cantada de Lunin para anotar el cuarto de la Real. Eliminatoria en tablas otra vez. El Madrid goza de la solidez defensiva se una servilleta de papel.

Bellingham a punto estuvo de marcar de cabeza en el 94, pero nuevamente intervino con acierto Remiro. Era gol cantado.

Con un centro blandito de Alaba terminaron los 90 minutos y llegábamos a una prórroga deseada por todos, sobre todo por Ruido Bernabéu. El Madrid había dejado mucho que desear, principalmente en defensa, dos goles de la Real fueron en propia meta y los otros dos errores de Lucas Vázquez y Lunin.

El tiempo extra lo inició el Madrid con Fran García y Rüdiger en detrimento de Camavinga y Alaba. A los dos minutos, un robo de Rodrygo inició un contrataque que acabó rematando al lateral de la red Vini tras pase de Kylian.

Se llegó al final de la primera parte de la prórroga con un empujón de Elustondo a Mbappé dentro del área cuando iba a rematar a gol el 9. Ya saben que en estos casos nunca es penalti para el Madrid porque los defensas siempre "molestan lo justo", pero no cometen infracción alguna.

Brahim y Güler por Asencio y Rodrygo para arrancar los últimos 15 minutos.

Olasagasti hizo una entrada durísima a Vinícius, quizá la más fuerte vista en micho tiempo, terrorismo futbolístico, que ni Alberola ni Trujillo consideraron roja. Terrorismo arbitral. Habrá que escuchar después las quejas de Imanol.

Y llegó Antonio en el 115 para vengar la alevosa y terrorífica patada de Olasagasti. Rüdiger marcó el 4-4 de cabeza a la salida de un córner magníficamente botado por Arda.

El partido acabó con otro gol salvado por Remiro a chut cercano de Brahim.

El Madrid se toma la penúltima Copa en el abismo, ese que tanto ama, para alegría de los cardiólogos y desesperación nuestra. Se clasifica para otra final de Copa del Rey a pesar de que, según se oye, todos juegan mejor que él.

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